Por Leila Mesyngier

- Nacemos para siempre es un libro que abre una conversación que todavía está silenciada
¿Qué pasa cuando se nos muere un hijo?
¿Qué les pasa a las mujeres que enfrentan la muerte de sus bebés?
¿Qué se hace con ese dolor? ¿Qué hace el dolor con nosotras?
El cuerpo es un mapa grabado para siempre por las marcas de la vida y la muerte, escribe Paula. En el duelo perinatal, el cuerpo es el campo de batalla como en ninguna otra ocasión.
Su historia, ese relato que se despliega a lo largo del texto, que mueve y conmueve, tiene la potencia de aquello en lo que todavía insistimos desde los feminismos: lo personal es político.
Habrá muchas lectoras para las que este libro será un bálsamo ante el dolor, que se sentirán acompañadas, que dejarán de pensar que solo a ellas les pasa.
Y eso, aunque parezca un gesto simple, es uno de los modos más potentes de romper la soledad: saber que hay otra en el mundo que experimenta algo parecido.
- Nacemos para siempre es un libro que abre la conversación sobre el deseo
Paula escribe sobre el deseo de maternar pero también del deseo que nos mantiene vivos, ese deseo que se para de manos frente al dolor, que nos permite amar incluso en ausencia, y también reconstruirnos después de la tragedia.
Escribe sobre el deseo al que podemos mirar de frente y al que le podemos poner palabras, incluso si es incómodo, doloroso hasta lo más profundo.
Paula se pregunta cosas como estas:
¿Qué carajo hago con mi deseo de ser madre?
¿Por qué a mí?
¿Por qué si tanto lo deseo, no llega ese signo positivo pese a mis cuidados, mi voluntad, mis esfuerzos y mi anhelo?
¿Se puede morir y seguir viviendo?
¿Por qué una mujer debería encontrar consuelo en la idea de volver a embarazarse?
¿Quién puede medir el dolor?
- Nacemos para siempre es un libro que abre la conversación con otras y otros que pensaron, abordaron y escribieron sobre el deseo, el amor y el dolor.
Es un libro lleno de citas, referencias, frases de académicos y académicas, poetas, artistas, escritoras, periodistas. Es un diálogo entre la literatura, la psicología y la música. Es un hilo que teje un modo de pensar, de sentir, de habitar el mundo, un regalo que nos hace Paula.
Se trata quizás de nombrar con palabras de otros la vida propia, un modo de nombrarnos a nosotras mismas, nuestros cuerpos, nuestras marcas, nuestras pérdidas, nuestro dolor.
Me quedo con este fragmento de una carta que Freud le escribe a un amigo después de la muerte de su hija:
Trabajo todo lo que puedo y estoy agradecido por lo que tengo. Pero la pérdida de un hijo parece una lesión grave. Lo que se conoce como duelo probablemente durará mucho tiempo.
Me quedo, entre tantas, también con esta frase de un poema de Maga Cervellera:
Siento un agujero en mi panza.
Extraño sus pies estirando mi piel.
- Nacemos para siempre es un libro que abre conversación porque está lleno de preguntas.
¿Hay algo más tremendo que ver morir a un hijo en el inicio de la vida?
¿Cuánto dura un duelo?
¿Se puede llorar con los ojos cerrados?
¿Qué pasa con ese cuerpo amputado, cómo ir hacia la rehabilitación de un cuerpo fragmentado?
¿Cómo acompañar a alguien en duelo?
¿Cómo dejarme asistir por otros si estoy en duelo?
¿Cómo interpretar qué necesitamos a cada momento?
¿Es posible volver a ser la misma de antes cuando el dolor se apacigua, cuando el tiempo pasa?
¿Existe la reparación?
Algunas de esas preguntas no tienen respuestas pero leerlas escuchando la voz de Paula me pareció un hallazgo: qué tesoro formularlas y que este libro sea una vía para buscar las respuestas.
- Nacemos para siempre es un conversación sobre el sistema de salud
Paula cuenta la historia completa de la marca que tiene en su cuerpo y en su corazón. A través del relato de la muerte de su bebé, hace foco, una vez más, en lo que muchas mujeres denuncian (denunciamos) desde hace demasiados años. No es menor volver a decirlo, sumarle capas de complejidad, nuevas experiencias y aprendizajes, otras palabras y relatos.
Se trata de volver a preguntar, indagar, escarbar: qué hace el sistema de salud con nuestros cuerpos y nuestras mentes, por qué nos violenta, por qué no nos acompaña mejor en esta etapa vital y transformadora que es la maternidad, tanto cuando hay vida como cuando llega la muerte.
Paula se pregunta: ¿A quién se le ocurre decirle a una mamá que acaba de escuchar que su bebé tiene un 50 % de probabilidades de morir al nacer que se quede tranquila, que no se preocupe, no llore, que piense que todo estará bien?
Paula se pregunta si los profesionales de la salud están formados para afrontar la muerte perinatal.
Si reciben capacitación durante la carrera o en sus ámbitos laborales.
Si se habla de la muerte y el duelo en los espacios de formación de médicos, enfermeros y psicólogos.
Si alguien piensa en cuidar la salud mental de quienes cuidan.
No es un detalle volver a decirlo, tiene todo el valor:
“Si un bebé fallece en gestación o al tiempo de nacer, la mujer tiene derecho a parirlo, verlo, tocarlo, acunarlo, fotografiarlo, tomarle sus huellas, recortar un trozo de cabello, vestirlo y despedirse. Tiene derecho al acceso a sus restos y poder hacer la ceremonia de despedida que considere. También tiene derecho a ser reconocida como su madre y que él o ella sea reconocido como hijo o hija, parte de la familia y miembro de la sociedad.”
Pensar el duelo desde el agradecimiento -dice finalmente Paula- puede dar lugar a destellos de alegría de ese tiempo compartido, aunque haya sido ínfimo, aunque sea injusto y desolador.
Y si todos, profesionales de la salud, familia, amigos y amigas, acompañamos dando ese espacio, quizás podamos hacer de este mundo un lugar un poco más tierno y amable.